27 de agosto de 2014

GIBALBÍN

En una de las últimas oportunidades de salir por la mañana antes de volver a la rutina, la propuesta era subir al castillo de Gibalbín.
Había examinado el recorrido en los mapas, pero no sabía qué podríamos encontrar. En las primeras cuestas, por la falda de la sierra todavía, pudimos ver una nave de bodega (Bodegas Reina), con botas en soleras y oliendo a mosto.
 
Los caminos iban enlazando, pero comenzamos a encontrar dificultades. Por allí, mientras decidíamos por dónde tirar, descubrimos unos almendros con almendras mollares regadas por el suelo, de las que cogimos un buen puñado.
 
Después llegaría el tramo complicado, con muchos matojos y cardos secos, que nos llenaron los calcetines de pinchos y las piernas de arañazos. Alambradas, taludes, cuestas, terreno removido, moscas... y hasta un par de novillos, fueron algunos de los los alicientes con los que nos íbamos topando. Hasta que alcanzamos la carretera asfaltada: una estrecha y preciosa carreterita serpenteante que, suave pero progresivamente, nos iba conduciendo hasta arriba, con mucha vegetación en los márgenes. Dejamos a un lado el desvío hacia las instalaciones militares y continuamos hacia el castillo y las torretas.
Las ruinas del castillo de Gibalbín, también conocido como Torre de Gibalbín (porque sólo queda una torre en pie, dentro de un pequeño recinto bien fortificado), son de factura almohade, pero reaprovechando materiales romanos.
 
La mezcla de sillares, sillarejos, ladrillos y tapial, muestra una urgencia en la reconstrucción, propia de la llegada de almohades y su deseo de asentar la defensa de esos terrenos recién ocupados. Una grieta que va de arriba a abajo parte en dos lo que queda de la torre, avisando de que pronto caerá y no quedará nada en pie si antes no se hace algo para consolidarla o restaurarla. Es posible que esa grieta marque la línea esquinera de la torre en una fase previa romana, de modo que en determinado momento se procedió a aumentar (prácticamente duplicar) la sección del prisma sin remover las piedras angulares, con lo que las paredes finales perdieron consolidación, causa del derrumbe posterior.
Tras la visita histórico-paisajística regresamos por el mismo sitio, pero eso sí, evitando el tramo complicado.

3 comentarios:

  1. Pues sí señor : hoy hemos podido hacer realidad ese viejo deseo de subir a Gibalbin. Ha sido algo duro, pero ha merecido la pena.
    Las inflexibles prohibiciones, cancelas y avisos de ganadería brava nos hicieron desistir muchas veces, hasta hoy, de alcanzar uno de los mejores lugares (si no el mejor) de nuestra comarca. No obstante, luego, en la bajada no encontramos nada ni a nadie que nos importunara.
    Recrear las vistas desde allí, a la sombra de la Torre, en todas las direcciones es un placer, solo empañado por las muchas parabólicas cercanas. Si además traemos los bolsillos llenos de almendras con las que acompañar a la cerveza mientras se enfría el gazpacho, podemos concluir con que no podía tener mejor remate la serie de salidas matinales de este verano (los maestrosescuelas empezamos a... ¿trabajar?) en las que hemos apostado por "bichear" por esos campos a la búsqueda de "experiencias nuevas" . Y, sin duda, lo hemos conseguido.

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  2. Hola quiero comentar mi aventura en ese paño de torre almohade,corría el año 86 montaba guardia para custodiar el repetidor de TVE q hay justo al lado y durante tres noches,pude contemplar un espectáculo único que mucho deberían de ver.Fue la llegada del cometa Halley.Febrero 86 noche gélida sentado en una piedra con la espalda recostada en la torre.Esa imagen me acompañara para los resto.Ssludos

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  3. Es mas en unas de las rendijas deposite un deseo ,el cual no recuerdo,pero espero q se halla cumplido.Espero volver para la próxima llegada por allá en 2062

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